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Yemén, la antigua Arabia Feliz

En 10 años la guerra en la República del Yemén, un país de apenas 38 millones de habitantes, ha provocado la muerte de 234 mil personas. Como secuela, 20 millones requieren ayuda humanitaria, de los cuales más de 7 millones son niños y hay 4 millones de desplazados.

POR: PROCESO

En 10 años la guerra en la República del Yemén, un país de apenas 38 millones de habitantes, ha provocado la muerte de 234 mil personas. Como secuela, 20 millones requieren ayuda humanitaria, de los cuales más de 7 millones son niños; hay 4 millones de desplazados, lo que quiere decir que uno de cada ocho ha cambiado de hogar en ese tiempo; como consecuencia de esa guerra, 6 mil 600 hogares han sido destruidos, 33 escuelas fueron arrasadas y 43 caminos quedaron inservibles. Y como si no fuera suficiente, según la ACNUR, 136 mil solicitantes de asilo procedentes del Cuerno de África esperan pases de solicitud de asilo en las ruinas de ese país. La ONU afirma que sus organismos realizan allí la operación humanitaria más grande del mundo en la actualidad.

Hay países misteriosos de los que se sabe muy poco y, sin embargo, como Yemén, encierran muchos y graves problemas. Es cierto que los medios a veces los muestran cuando hacen un paréntesis en la guerra entre Rusia y Ucrania que, debido a sus dimensiones y efectos, puede ser el origen de una gran catástrofe para la humanidad entera, pero no exime de saber qué pasa en esos otros países, como Afganistán, que después de la salida de Estados Unidos, o Siria, luego del supuesto fin de la guerra, están en condiciones más lamentables que nunca. Se desconoce cómo viven sus sociedades, la cotidianidad y, sobre todo, cuáles son sus formas de supervivencia. Vemos las imágenes de figuras famélicas de sus niños, los escombros por los que deambulan buscando en los basureros cualquier cosa para comer o encontrarle alguna utilidad. Con las llantas desechadas elaboran vasijas para el acarreo del agua fétida que logran encontrar, algunos se refugian en las carrocerías inservibles de los vehículos, soportando el calor o el frío, intercambian baratijas en los mercados por un pedazo de pan.

El problema en Yemén se remota unas décadas atrás, cuando el pueblo de los hutíes, un grupo rebelde bajo el nombre de Ansar Alá, es decir, los partidarios de Dios, de filiación zaidí-chiita, tomó su capital en 2007. En 2011 el territorio sustraído al gobierno del partido Al-Ishah, donde confluyen organismos vinculados a los Hermanos Musulmanes y a la versión de la Península Arábiga de Al-Qaeda, se amplió. El primero, con ayuda de Irán que siempre aparece para apoyar a partidarios del chiismo, y el segundo con el ventajoso grupo apoyado por Arabia Saudita y Emiratos Árabes formando una coalición en la que participó hasta Estados Unidos, con disponibilidad y armas para bombardear diariamente el territorio de aquéllos, sin lograr explicar por qué mantienen a sus fuerzas en pie de lucha.

También es cierto que los hutíes pasaron de ser unos cuantos miles a más de 100 mil combatientes, lo que hace entender que controlen aproximadamente 40% del territorio. Han conquistado la capital, Saná, en el centro-norte del país, junto al muy importante puerto de Al-Hodeida, en el Mar Rojo, que mantienen pese a los constantes bombardeos. Ese puerto es fundamental porque es la entrada de todas las mercancías y alimentos al país, ahora muy escasos; además los bombardeos imposibilitan la pesca, tan importante para la población local, y han dejado de hacerse todas las actividades debido a los bombardeos de la coalición que encabeza Arabia Saudita. Se ha habilitado el puerto como el corredor más viable para la ayuda humanitaria que llega desde el exterior, pero no necesariamente se logra utilizar todo el tiempo, sometiendo al país a una carestía que ha provocado ya una hambruna que va en aumento.

Y en ese panorama que afecta al conjunto de los yemenitas sin importar el bando que domine el lugar donde viven, resulta increible que las fuerzas del gobierno continúen recibiendo armamento y apoyo de Arabia Saudita y de los países occidentales. Se ha dicho, por ejemplo, que Francia, que se erige como baluarte de la libertad y de la justicia, se ha comprometido vendiendo armas, municiones y servicios de guerra por 8 mil millones de euros entre 2005 y 2020, una ayuda criticada por varios organismos, entre ellos Human Rights Watch. Qué decir de Estados Unidos, el susodicho paladín de la democracia que alcanzó con sus tentáculos para afectar a los yemenitas tan alejados de su territorio pero no de sus intereses, hasta que decidió retirarse.

La Península Arábiga resulta siempre promisoria por el petróleo y el gas, porque allí están las reservas más elevadas, y aunque son escasos los pozos en Yemén debido a la deficiente tecnología, es muy probable que el volumen que puede ser extraído sea promisorio.

Los pozos petroleros están más del lado del territorio de los rebeldes y el país cuenta con dos refinerías, algo que seguramente estará en la base de la explicación, aunque paradójicamente no coincide con la miseria de las tribus que lo habitan. Cuando en 2021 los rebeldes se acercaban a Marib, una importante ciudad en el centro del país, los dirigentes de Al-Islah fueron severamente criticados por la coalicición gubernamental, alegando que para proteger sus propios intereses lo hacen en detrimento de los intereses de los yemenitas. En respuesta, la reacción de Riyad fue la de supender por unos días los bombardeos contra los rebeldes para permitir que el gobernador de Marib pudiera reposicionarse. Eso permite ver las divisiones que existen en el grupo político en el poder, lo cual puede incidir en las debilidades que aprovechan los hutíes.

Después de numerosos intentos, a finales de marzo de este año se dio el primer alto al fuego, se permitió el restablecimiento de los vuelos comerciales, se habilitó el corredor humanitario desde el Mar Rojo; pero aún así más de 30 ONG internacionales hacen esfuerzos para que el alto al fuego se mantenga. Sin embargo, no parece que esté cerca una solución definitiva. Y nada ha importado a los países combatientes, ni a los que los apoyan descaradamente, haber llevado a 80% de la población a una atroz miseria y a la hambruna que padecen millones en la crisis humanitaria que diferentes organismos califican como la más brutal que se padece en la actualidad.

Nadie creería que Yemén, ese territorio en disputa, albergó lo que en la antigüedad fue llamada la Arabia Féliz, en cuyos bosques crecían los árboles de los que se obtenían el incienso y la mirra, esencias para producir perfumes y resinas para fijar la escritura en los papiros. Su aroma fue considerado esencial para el Sanctasanctórum del Templo de Jerusalem y de otros sitios sagrados. Por esos parajes pasó la reina de Saba, así como las caravanas para el intercambio de las especias. También el viaje fue inspiración para el de Paul Nizan. Y de todo eso sólo queda la áspera realidad.

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