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Otra de Monreal: 15% de cuota de catálogo en Netflix

¿Por qué imponer una cuota de catálogo de contenidos cuando por primera vez los usuarios pueden elegir el contenido de su preferencia en muchas ventanas de distribución?

POR: EXCELSIOR

El 12 de septiembre de 2011 llegó Netflix a México por 99 pesos al mes. Antes de esa fecha los mexicanos teníamos muy pocas opciones de contenidos audiovisuales: las ofertas de Televisa y TV Azteca, 41 accesos de televisión de paga por cada 100 hogares, un precio promedio de boleto de cine de 46.77 pesos (contratar Netflix por el equivalente a dos boletos de cine al mes era muy buena opción) y, en Internet, la posibilidad de acceder gratuitamente a YouTube.

Casi 10 años después de la llegada de la primera plataforma de streaming a México, el panorama ha cambiado radicalmente. Eso ocurre cuando plataformas de Internet, basadas en la innovación y modelos de negocio disruptivos, crean nuevos mercados.

Ahora Netflix tiene un precio de 139 pesos, la penetración de TV de paga es de 58%, el precio promedio por boleto de cine es de 54.2 pesos y además de las dos principales televisoras hay que sumar la oferta de Imagen Televisión y otras estaciones de TV locales, además de un total de 97 plataformas over the Top con presencia en México, incluidas las más famosas Clarovideo, Amazon Prime Video, Apple TV+, Disney+, recientemente Paramount+, más las opciones gratuitas en Internet, principalmente YouTube.

Con esa amplia oferta de contenidos audiovisuales en todas las ventanas de distribución, llama la atención la insistencia del senador Ricardo Monreal (Morena) de imponer una “cuota de catálogo” en su iniciativa de Ley Federal de Cinematografía y el Audiovisual. El artículo 20 de la propuesta dice que “las plataformas digitales reservarán 15% de su catálogo para producciones cinematográficas y audiovisuales nacionales, cuya producción no exceda 25 años atrás”.

Si lo que pretende la iniciativa es promover las obras cinematográficas y audiovisuales nacionales, no se entiende por qué el mismo artículo 20 de la ley dice que dichas obras “deberán ser producidas por productor nacional que no sea controlado por la plataforma digital”. Es decir, los contenidos originales producidos en o para México por Netflix, Amazon, Clarovideo y cualquier otra plataforma no entrarían dentro de la cuota de catálogo de 15%.

Finalmente, mediante algoritmos obliga a las plataformas a “promover la visualización del catálogo de obras cinematográficas y audiovisuales nacionales”. Precisamente, las plataformas son empresas de datos, los algoritmos ayudan a visualizar contenidos con base en la preferencia de los consumidores.

Según la iniciativa, las plataformas podrán ser sancionadas por la Secretaría de Gobernación si incumplen con la cuota de catálogo de 15% con amonestaciones, multas o retiro de obras cinematográficas y audiovisuales sin clasificación.

Sin cuota de catálogo, el Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2019 del Instituto Mexicano de Cinematografía revela que de las 101 películas mexicanas estrenadas ese año, 29 estuvieron disponibles en plataformas digitales; asimismo, se contabilizaron 35 series de televisión nacionales. Blim de Televisa fue el sitio con el mayor porcentaje de largometrajes mexicanos, porque esa empresa cuenta con el más grande catálogo de filmes nacionales.

No es la primera vez que el legislador morenista busca imponer una cuota de catálogo a las plataformas de video en streaming. El 12 de septiembre de 2019 presentó una iniciativa a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión para que los “prestadores de servicios de televisión de paga vía Internet (OTT)” (sí, erróneamente equipara las plataformas con televisión), nacionales y extranjeros, cuenten dentro de sus catálogos con al menos 30% de contenidos nacionales.

En esa propuesta las plataformas de streaming de video deben obtener la autorización del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) para operar y le atribuye la obligación de vigilar el cumplimiento del porcentaje de producción nacional en las plataformas. La iniciativa incluso fue dictaminada por las comisiones Unidas de Hacienda y Crédito Público y de Estudios Legislativos Segunda.

La iniciativa de 30% de cuota de catálogo en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión no ha sido retirada (aunque sí está detenida), al tiempo que ya se presentó la de Cinematografía y el Audiovisual que propone 15% de cuota de catálogo.

Sobre un mismo tema (cuota de catálogo en plataformas digitales) el mismo legislador propone dos iniciativas y plantea dos porcentajes distintos; en una requiere autorización para operar y en otra no se menciona; en una propuesta una autoridad (IFT) vigila el cumplimiento pero no menciona sanciones y en otra no habla de verificación pero sí de posibles sanciones. ¿A cuál le hacemos caso? ¿Son complementarias?

En porcentajes distintos, ambas iniciativas pretenden rellenar los catálogos de las plataformas con contenidos nacionales en lugar de que prevalezca la libertad de contratación. Las películas y series de relleno podrían ser consumibles pero bajan la percepción y la calidad de las plataformas. Ambas propuestas favorecen a los poquísimos productores nacionales de contenidos audiovisuales, principalmente Televisa. Ambas iniciativas desconocen los modelos de negocios de las empresas de streaming de video. Ninguna plataforma de video es idéntica y todas operan con estrategias diferentes, la mayoría ni siquiera son rentables. Los consumidores seleccionan las plataformas de su preferencia en función de la oferta, el tipo y los contenidos originales.

A veces esas plataformas forman parte de las estrategias de fidelización de empresas y operadores como es el caso de Amazon con Prime Video o América Móvil con Clarovideo.

Previo a su entrada al mercado mexicano en 2011, Netflix pactó la compra multianual de contenidos de Televisa y TV Azteca. De la primera adquirió 3 mil horas al año de telenovelas, series y programas de entretenimiento. En ese momento la televisora se ufanó de que “el contenido estará disponible para Netflix un año después de su transmisión en televisión abierta. Este acuerdo aumenta la disponibilidad de los contenidos de Televisa en Latinoamérica, Brasil y el Caribe, donde Netflix planea lanzar su servicio hacia finales de 2011”. Televisa negó sus contenidos a Netflix a partir de 2016, después de que la ayudó a crecer.

Con TV Azteca adquirió entre mil y 1,500 horas de programación de series y telenovelas por tres años.

Si los consumidores mexicanos quisieran ver los contenidos de la TV abierta en streaming, plataformas como Blim de Televisa tendrían mayor participación de mercado. Sólo 5% de las personas que pagan una suscripción para ver contenidos por Internet mencionaron Blim (donde miran contenido 4.9 horas semanales), en tanto que 93% citaron a Netflix, donde permanecen 7.9 horas a la semana (Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2019).

Si los televidentes mexicanos estuvieran satisfechos con los contenidos de la TV abierta, no hubieran migrado tan rápidamente a las plataformas de streaming. ¿Por qué imponer una cuota de catálogo de contenidos cuando por primera vez los usuarios pueden elegir el contenido de su preferencia en muchas ventanas de distribución? Para favorecer a quienes los producen, a quienes se los compró Netflix voluntariamente en 2011 creyendo que hacían un negocio sin imaginar que harían crecer al gigante del streaming, después se los retiraron cuando se dieron cuenta del error que habían cometido y ahora quieren obligarlo a que los compre, porque la industria de la televisión no levanta cabeza.

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