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La presa Madín: un paraíso natural resucitado

La presa Madín: un paraíso natural resucitado

POR: GATOPARDO

José Morales llega mucho antes del amanecer a la presa Madín, en el Estado de México, donde colindan Naucalpan y Atizapán de Zaragoza. Se instala a oscuras cerca del agua y prepara la carnada para que las truchas piquen. Los horarios de las trompudas, como les dice, son estrictos: de cinco de la mañana hasta, máximo, las once, luego no haya nada, hasta después de que baje el sol. Si quiere sacar buena presa, especialmente ahorita, hay que llegar muy temprano y ser paciente.

Cuando empieza a salir el sol la presa cambia, el silencio se interrumpe, primero por gallos, garzas y otras aves, después por el tráfico. Las calles que antes se escondían en la montaña empiezan a tener transito pesado y de todo tipo. El ruido opaca el sonido que hacen las garzas que llegan a desayunar y se escuchan los frenos de los trailers y los cláxons de los vecinos que salen a trabajar.

Pasaron muchos años antes de que Morales pudiera volver a pescar en la presa. Ese día de inicios de octubre era la segunda vez que regresaba en el último mes, pero antes de eso, nada. Él creció en la zona. Su papá, un señor de Chihuahua que trajo a su familia a la “gran ciudad” para probar fortuna, educó a sus hijos a rodearse de naturaleza. “Yo soy como campesino, no me gusta la ciudad”, afirma. Por eso sale a pescar cada vez que puede y se ha hecho de un grupo de amigos que hace lo mismo.

“En esta presa dejamos de pescar unos cinco años porque hubo un fuerte desbalance. Se extinguieron las carpas. Ya no había, ya no picaban”, cuenta José Morales mientras ensarta la carnada que preparó delicadamente con ingredientes como elote, anís, harina, coca-cola, queso y ajo “para alborotarlas”.

La mancha urbana de la zona no ha parado de crecer. Lo que antes era un espacio natural ahora son montones de fraccionamientos arrejuntados.

Ante la crisis, la gente de Nuevo Madín, la comunidad más cercana a la presa, hizo guardias para que se respetara la veda y la especie se recuperara poco a poco. En el proceso creció un poco de vegetación en las orillas, y eso le dio a las carpas un lugar para esconder sus huevecillos y reproducirse con éxito.

Sin embargo, a finales del 2019 los vecinos de la presa empezaron a ver que crecían sobre el agua manchas de lirio, una planta famosa por sus bellas flores moradas, rosas y amarillas que flotan sobre cuerpos de agua dulce; esas donde se paran las ranas en las caricaturas. Son originarias del Amazonas y se han convertido en una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. El lirio se llevó hasta allí para ayudar en el proceso de limpieza de una presa de lodos que tiene la Conagua en la zona, pero en la temporada de lluvias del año pasado se desbordó y el lirio comenzó a reproducirse rápidamente sobre la presa Madín.

Para noviembre, de las 190 hectáreas que mide la presa, solo se veía el 20 por ciento del agua, pues lo demás era un manchón verde rugoso, puro lirio. Los vecinos se alertaban unos a otros al ver que su espejo de agua desaparecía y empezaron a encontrar peces y otras especies muertas en las orillas.

La Presa Madín provee de agua a más de 15 mil familias en Atizapán, Naucalpan y Tlalnepantla y hace algunos meses se anunció que también se incorporará al sistema Cutzamala, que abastece de agua a la Ciudad de México.

Las rivieras muestran los problemas que acosan la presa. Chuen Uac Zip va dos veces a la semana a recoger la basura y el lirio que se arremolinan en la orilla.

“Todos los que vivimos aquí sabemos que la presa tiene problemas de contaminación, pero nunca se había visto tan exagerado, tan severo como lo de hace un año”, cuenta Misael Arellano Leal, vecino de Atizapán, presidente del fraccionamiento donde vive y líder de la asociación civil S.O.S Salvemos la Presa Madín. “La gente con un poco de conciencia ecológica o gente que tiene mucho tiempo viviendo en esta área hemos ido viendo la modificación del medio ambiente, pero ahora fue diferente… en dos meses tenías una mancha de lirio de la mitad de la presa y uno después ya estaba prácticamente cubierta”.

Una particularidad de esta planta es que es muy fértil. Cuando florece suelta semillas que pueden duplicar el tamaño de la población en un lapso de diez días y además, cada semilla puede vivir hasta 14 años, así que si no crece en ese momento, es muy probable que en una década más lo haga.

El resultado ecológico de la invasión de lirio fue gravísimo. Al cubrirse la superficie acuática de la presa, las especies que dependen de la luz del sol y del oxígeno comenzaron a morir, y en consecuencia, sus depredadores también. Como el lirio no es una especie endémica, no tenía ningún depredador, lo cual causó un profundo desbalance. Además, la presa solía ser una parada de aves migratorias, pero el desequilibrio hizo que se quedaran sin esa opción y se trasladaran al Lago de Guadalupe, a unos kilómetros, donde más del 50% murió a causa de la contaminación del agua.

“A mitad de septiembre, cuando fui a ver cómo estaba la presa y a recoger basura, empecé a ver muchos peces muertos por toda la orilla y ahí tomé la decisión de empezar a sacar el lirio”, cuenta Chuen Uac Zip, líder de la asociación civil Nacel Arcoíris y activista ecológico. Él reportó el crecimiento de lirio desde mayo a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) pero no recibió respuesta.

El lirio no es una especie nativa de México; fue importade del Amazonas. En la Presa Madín se volvió una plaga y a pesar de que la mayoría ha sido retirado, aún se encuentran muchos espacios repletos de la planta.

En consecuencia, convocó a los voluntarios que trabajan con él en Nacel Arcoíris y empezaron a ir una vez a la semana a sacar lirio, aunque lo que lograban era muy poco. Después se unieron los integrantes de S.O.S Presa Madín, un grupo integrado únicamente por vecinos de la zona, y también le pidieron ayuda a la Comisión de Aguas del Estado de México (CAEM), que pronto comenzó a mandar voluntarios para ayudar en la tarea.

La presa Madín está rodeada de organizaciones que procuran cuidarla. Entre ellas la Comisión de Cuencas, organizada por académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN), que se dedican a investigar, cuidar y promover educación respecto a sistemas hídricos; Ríos Limpios, que desde el 2018 hacían brigadas quincenales para recoger la basura que flota en el agua; Nacel Arcoíris, que lleva casi una década cuidando la presa y limpiando los ríos que desembocan en ella y Preserva Madín, que también Aún así, el reto era inmenso.

Incluso José Morales, el pescador de aquel día de octubre, alguna vez intentó denunciar la contaminación con ayuda de su exesposa que, cuenta, trabajaba en Gobernación. “En ese entonces trabajaba un señor Jose Luis Luege Tamargo de Conagua, y me dijo que no se meten broncas, pues hay muchos intereses involucrados”.

El lirio se alimenta de desechos orgánicos, así que entre más contaminada esté el agua en la que vive, más crece. La velocidad con la que se expandió, ocupando cientos de hectáreas en tan solo tres meses, demostró que lo que las organizaciones llevaban reclamando desde hace años, no era para nada mentira.

Así como José Morales, otras personas pescan y disfrutan de las actividades recreativas de la presa. Él no cree que los pescados estén contaminados y nadie le ha dicho lo contrario.

“En 2004 metí mi primer proyecto de investigación en la secretaría de investigación y posgrado y empecé a trabajar para evaluar el impacto a la salud del ecosistema”, cuenta Marcela Galar, reconocida toxicóloga ambiental e integrante de la Comisión de Cuencas. “Lo que encontramos, de entrada, es que hay muchísimos contaminantes. Tiene metales como el aluminio en concentraciones que incluso rebasan las permisibles para la protección de la vida acuática”. También encontró muchos contaminantes emergentes, llamados así porque no fue sino hasta hace muy poco que empezaron a ser considerados dañinos, como los restos de fármacos y los residuos de productos de higiene personal y limpieza. En el agua hay naproxeno, diclofenaco, paracetamol, metformina, glibenclamida, restos de bloqueadores solares, etc. “Un cóctel muy complejo”, dice Galar.

Recientemente se ha encontrado también metano, producido por los lirios. Si se mezcla el hidrocarburo con el cloro de la planta tratadora y después el agua es consumida por humanos, las repercusiones pueden ser múltiples, pero la más común es el cáncer.

Sus investigaciones a lo largo de los años, confirmaron que entre más complejos habitacionales se levantaban en la zona, mayor era la concentración de estos contaminantes y mayores los efectos en los seres vivos de la presa. El principal problema son las descargas que llegan a los ríos que alimentan a la presa: el Sifón y el Tlalnepantla. Tanto Nacel Arcoíris como Ríos Limpios confirman la aseveración de Galar, sin embargo, aún no tienen claro el número de desagues crudos que llegan a los ríos, aunque piensan que oscilan entre seis y doce.

José Morales, el pescador, cuenta que cuando él llegó a la zona, a los seis años, por ahí de la década de los sesenta, no había tantas casas. “Chiluca era la única zona residencial. Se veía una que otra casita, pero nada más”, recuerda. La zona a la que se refiere está a un poco más de diez kilómetros de distancia. Ahora la presa está rodeada de grandes casas con ventanales y paredes muy blancas, y edificios de hasta 15 pisos.

La presa es un lugar vivo, con actividad constante. Por un lado se ven pescadores, en otras partes hay quienes salen a remar un poco y también hay quienes se levantan bien tempranito a hacer yoga con vista al cuerpo de agua. Son los vecinos quienes se interesaron por salvar el lugar y a hacer el trabajo que, teóricamente, era responsabilidad de las autoridades.

En enero del 2020, las autoridades Atizapán y la Conagua convocaron a una rueda de prensa para anunciar una nueva acción en pro de la presa Madín. Invitaron a Ivana Ortega Serret, una chica de 13 años que había recaudado miles de firmas a través de Change.org para pedirle a las autoridades locales y federales que ayudaran a la comunidad –que llevaba desde septiembre haciendo brigadas de limpieza cada fin de semana– a quitar el lirio de la presa.

La alcaldesa de Atizapán, Ruth Olvera Nieto, recibió las 19 mil firmas y se las entregó a Froilán Torres Herrera, director de Conagua, quien dijo que se dedicarían 20 millones de pesos a la limpia. La mitad de los recursos se destinarían a quitar el lirio y el resto a la planta de tratamiento y a la subestación eléctrica que la mantiene funcionando.

Por su parte, la CAEM dispuso tres cosechadoras acuáticas con las que se sacaron 124 toneladas de lirio.

Además, según Chuen Uap Zip, la CAEM ya había mandado treinta voluntarios diarios, incluidos fines de semana, para hacer recolección manual desde noviembre del 2019. “Normalmente no lo hacen, pero ahora sí se pusieron a disposición de la comunidad”, declara el líder de Nacel Arcoiris.

Por otro lado, ninguna de las personas entrevistadas para este reportaje sabe exactamente en qué se gastaron los recursos anunciados por la Conagua, pero según una solicitud de información hecha al INAI por S.O.S Salvemos Presa Madín, el dinero ya fue utilizado.

En abril del 2020, ya en plena pandemia, los voluntarios continuaron las brigadas de limpieza del cuerpo de agua. Uap Zip implementó un sistema de corrales, en el que dividieron la presa en siete secciones para evitar que las plantas se dispersaran. Las cuerdas y botes que se usaron para hacerlos fueron donados por la misma comunidad. Cada semana limpiaban un corral y así lograron acabar con la mayoría de la plaga.

Parte del plan de recuperación de la Presa Madín es ir y detectar las descargas de agua cruda que vienen de los municipios. Hasta el momento tienen bien identificadas cinco pero en Nacel Arcoíris y la Comisión Cuenca están seguros que son más. La de esta imagen llega desde Naucalpan, arrastrando residuos sólidos y un enorme coctel de contaminantes que parecen disueltos en el agua pero que provocan grandes desajustes ambientales.

A pesar de que el lirio ya ha sido prácticamente retirado, la problemática de la presa continúa, pues en las riberas aún hay asentamientos de la espacie, pero sobre todo hay basura que llega de río arriba, o que deja la gente que visita la presa. Chuen Uap Zip va dos veces a la semana a recogerla, a plantar árboles alrededor y a levantar lo que queda de la plaga. Otros días se dedica a recorrer los ríos que desembocan en la presa para identificar las descargas de desechos.

Nacel Arcoiris ha implementado un plan de ocho etapas con el que, argumentan, se acabará con la profunda contaminación del río, y la zona se convertirá en un parque sustentable. Actualmente se está en la tercera etapa del proceso, geolocalizado (con apoyo de la CAEM) todas las descargas. En el río Tlalnepantla se ven, de forma evidente, algunos de los lugares donde se mezclan las caídas de desechos crudos con el agua de manantial que viene de río arriba y que terminan en la presa.

“Una vez que identifiquemos todas las áreas de descarga vamos a ir con gente del laboratorio a tomar muestras. Y ya de ahí se va a determinar qué ecotecnia se puede utilizar para minimizar el impacto de cada una”, cuenta Uap Zip. Para hacer todo esto se necesitan los permisos de las autoridades, pues aún cuando lo que se pretende es limpiar y solucionar los problemas de los cuerpos de agua, la Conagua debe de otorgar las autorizaciones pertinentes.

Una de las estrategias que Nacel Arcoiris tiene contemplada es la utilización de humedales artificiales que filtran los contaminantes, aumentan la humedad en la zona y promueven la filtración del agua en la tierra, haciéndola más fértil. Esta técnica ha sido utilizada ampliamente en España, Francia, Portugal y muchos países de América del Sur para limpiar descargas de drenajes.

“Los humedales artificiales se han estudiado durante la última década como una nueva alternativa de tratamiento para las aguas contaminadas con fármacos. La remoción de contaminantes dentro de estos sistemas se da por medio de interacciones complejas de carácter fisicoquímico y microbiológico que ocurren al hacer pasar lentamente el agua residual a través de un lecho de sustrato (arena, grava, arcilla), con raíces y rizomas de vegetación emergente. Algunos de los mecanismos que intervienen en la remoción de los compuestos farmacéuticos son la biodegradación microbiana, la captación por las plantas, la adsorción en el lecho y la volatilización”, publicaron Armando Rivas y Diego Paredes en un documento surgido a partir de la Segunda Conferencia Panamericana en Sistemas de Humedales para el manejo, tratamiento y mejoramiento de la calidad del agua.

Dado que el problema de contaminación proviene, principalmente, de los vecinos de la zona, Uac Zip y su equipo tienen planeado organizar sesiones de educación en todas las comunidades de la cuenca, no solo para que dejen de tirar basura y sean más conscientes con sus consumos, sino para que se involucren con el ambiente que les rodea.

“La octava y última etapa en este proceso es lograr que la presa Madín se vuelva sustentable. Queremos poner un corredor para fomentar la caminata, y que todo quede muy bien reforestado para que la gente lo pueda aprovechar”, cuenta Uac Zip. Según sus estimaciones, si las autoridades le dan todos los permisos y consigue la recaudación suficiente de dinero, podrá terminar el trabajo en un año.

Lo que ha sucedido en la presa Madín es, sin lugar a dudas, un caso de éxito. En plena era de recortes gubernamentales, de explotación de todas las áreas naturales y de comunidades disociadas, un grupo de no más de veinte personas logró que un cuerpo gigantesco de agua, profundamente contaminado, comenzara a recuperarse. Aún le queda un largo camino, pero existe una buena posibilidad de que la presa Madín realmente se convierta en un parque sustentable, con humedales que limpian el agua que llega hasta ella. Y el resultado de eso es un área natural recreativa y agua limpia para tres municipios y próximamente muchas colonias de la Ciudad de México.

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