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Internet ya es parte de la cultura

La pandemia hizo de lo digital una experiencia esencial, pero las personas añoran regresar a espacios culturales como cines, talleres, museos, teatros o salas de concierto

POR: PROCESO

La pandemia hizo de lo digital una experiencia esencial, pero las personas añoran regresar a espacios culturales como cines, talleres, museos, teatros o salas de concierto. Por lo menos esperarían que en los meses que restan de confinamiento las actividades culturales que se realizan en esos recintos se pusieran en línea.

La Encuesta Nacional sobre Hábitos y Consumo Cultural 2020 de la Coordinación de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reúne información sobre la evolución de estas prácticas durante el periodo de distanciamiento social impuesto por el covid-19. La comparación de estos hábitos con encuestas anteriores refleja que Internet ha colonizado las actividades culturales y cotidianas, exacerbado por la pandemia. La cultura digital ya en un hábito.

La inmensa mayoría de los encuestados (95.35) se informa de las actividades culturales a través de redes sociales o páginas de Internet (77.1%). Las apps más utilizadas son WhatsApp (97.9%), Facebook (91.5%) e Instagram (72.7%) (por cierto, las tres del mismo dueño).

Este dato no existía en las encuestas anteriores que se publicaron en 2004, 2010 y 2012 por el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Inegi, cuando el acceso a las tecnologías y a la red eran muy limitados. En 2004, apenas 14.2% de la población tenía acceso a Internet y más personas poseían un Walkman (22.4%) para consumir música en CDs (76.5%) y casettes (69.7%), por lo que el copiado de música en esas tecnologías era común. Hoy el consumo musical es a través de streaming.

En 2004 los pocos usuarios de computadora e Internet las usaban menos de 4 horas diarias en casa, pero también en cafés Internet (hoy casi inexistentes), y las principales actividades eran hacer tareas o trabajar. Los smartphones no existían. La Internet se utilizaba para el correo electrónico, estudiar o informarse. En 2010 sólo 2% del tiempo libre se destinaba a navegar por la web, pues los encuestados preferían descansar. Hoy el descanso involucra el uso de tecnologías digitales para consumir contenidos en línea.

La cultura es un conjunto de variados elementos que cohesiona, define e involucra a una comunidad. Lo que hacemos en el mundo físico lo trasladamos al espacio virtual. En la primera encuesta de 2004, la principal actividad en el tiempo libre de los consultados era reunirse con familiares y amigos (56.3%), seguida de practicar algún deporte (27.5%) e ir de paseo al campo (24%). Lo que muestra esa primera encuesta de prácticas culturales era el hábito de socializar con otras personas, lo cual se ha ido mediatizando.

En 2020, 16 años después, lo que predominó (antes del confinamiento) fue ir al cine (67.9%), pero las medidas sanitarias hicieron colapsar esa práctica cultural y la exhibición de películas en cines. En 2010 lo que se prefería era descansar (16%) y ver televisión (15%) (recordemos que en 2009 ocurrió una crisis financiera global que estrechó los bolsillos de los consumidores).

Desde que comenzó el confinamiento por la pandemia crecieron las actividades en línea, como tomar cursos o talleres, consultar redes sociales o consumir contenidos audiovisuales, según la encuesta de la UNAM. En el tiempo que lleva la cuarentena, diariamente los consultados escuchan música en línea (70.3%), socializan en Internet (61.3%) y ven películas o series (34.9%) como sus principales actividades.

En 2020, 38.4% utilizó a diario las plataformas de streaming de video de paga para mirar contenidos (Netflix, Amazon Prime, Blim, Claro Video, HBO…) y 31.3% lo hace dos veces por semana.

Según la encuesta de la UNAM, 45.5% de los consultados ha usado Internet para acceder a espectáculos artísticos durante la pandemia. El 79.4% lo ha hecho a través del teléfono celular. Sólo 14.8% estaría dispuesto a pagar por ver actividades culturales en línea.

La mayoría de las personas (53.5%) se siente pesimista con respecto a la normalización de las actividades culturales en el país. Los encuestados consideran riesgoso salir sin cubrebocas, usar el transporte público, ir a espectáculos culturales en espacios cerrados o visitar bares o restaurantes.

En cambio, han crecido las aplicaciones de entrega de comida y la práctica cultural se desplazó de los restaurantes a la comida para llevar. Cinco de cada 10 consumidores decidieron realizar sus compras en línea para evitar salir de sus casas, según el segundo reporte sobre el Impacto del Covid-19 en Venta Online en México, realizado por la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO). La categoría de más auge fue comida a domicilio.

Ante esta realidad, lo interesante de la encuesta es que el público espera que varias actividades habitualmente presenciales se pongan en línea en los próximos meses, como cines, cursos y talleres, exposiciones de arte, obras de teatro y conciertos como las principales. Esta es una oportunidad para creadores, artistas y gestores culturales, cuyas actividades y subsistencia se han visto seriamente afectadas por el confinamiento.

Según Comscore, 2020 fue el peor año en décadas para la exhibición de películas en cines. La facturación total del país, en cuestión de ingresos, regresó a niveles del año 2000 a 3 mil 714 millones de pesos (vs. 18 mil 659 millones en 2019). Y en términos de asistencia retrocedió a los niveles de 1999 con 64.7 millones de boletos vendidos (vs. 341 millones en 2019). La misma consultora reveló que durante la emergencia sanitaria, los autocinemas tuvieron un crecimiento exponencial durante 2020 al alcanzar 132 complejos en América Latina.

Las prácticas culturales y la socialización se han virtualizado y es un proceso irreversible. Incluye no sólo el acceso a la cultura sino la educación a distancia, la telesalud, el trabajo remoto, el entretenimiento en línea y muchas otras actividades. Queremos regresar a una experiencia vivencial con la post pandemia y la nueva normalidad, pero también es cierto que ya conocemos y experimentamos algunos beneficios de hacer las cosas en Internet. La asignatura pendiente es hacer de Internet un espacio de prosperidad económica y bienestar digital para todos, sin perdedores, sin excluidos, sin discriminación.

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