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2 años de la 4T, las paradojas

2 años de la 4T, las paradojas

Este país, visto desde la mayor parte de los medios, es tierra fértil para una guerra civil si se atienen a la comentocracia y a hechos reales.

POR: PROCESO

El primer tercio del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no ha dejado, como es evidente, consenso alguno. Hay elementos que se anclan en la realidad y son indefendibles, como la seguridad pública federal que inició en forma desastrosa, con una persona sin el perfil adecuado que finalmente fue absorbido por las fuerzas armadas. No hay mucho –o nada– que discutir sobre el saldo en este tramo del gobierno.

Sigue habiendo también casos de corrupción –mucho menores que en relación al pasado–, pero no se había visto en la historia contemporánea del país el aumento de casos donde se invoque el criterio de oportunidad y la figura del testigo colaborador por actos de corrupción. De cualquier forma, no se puede cambiar las pautas de comportamiento de gobernantes y gobernados de la noche a la mañana, a pesar de los esfuerzos que en esa dirección lleva a cabo la titular de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, una mujer valiente y decidida, pero que navega a contracorriente en un mar de intereses creados que explican los ataques a su persona. Se ataca al mensajero y al mensaje.

Y así puede haber otros casos, con razón o sin ella, donde los medios ponen la lupa para darles una visibilidad, en muchas ocasiones sobredimensionada, para reflejar un país bajo un error de método: el análisis de un caso concreto se extrapola a una situación general, cuando debiera ser justo al contrario.

Este país, visto desde la mayor parte de los medios, es tierra fértil para una guerra civil si se atienen a la comentocracia y a hechos reales. Pero el punto central es que lo anterior no ha pasado. ¿Cómo explicar que, si varias variables medibles están mal, no pasa nada en grandes proporciones en el país? ¿Por qué si la economía ha sido afectada por el covid-19 y por los errores en las políticas públicas, no se han traducido en estallidos sociales? ¿Por qué, por el contrario, con todos los elementos en contra la realidad percibida de los mexicanos sigue favoreciendo la gestión del presidente López Obrador, ya sea por el 61% de los habitantes, según Reforma, o por más del 70% de acuerdo al próximo gobierno? Algo debe andar mal, o los signos y síntomas que se advierten todos los días en notas y análisis mediáticos están mal, o a la mayor parte de la población le tiene sin cuidado esos diagnósticos, a pesar de que no pocos de ellos se hacen con datos de fuentes razonablemente confiables.

Quizá lo que pasa es que las dos cuestiones son correctas y el país asiste a una paradoja: No importa si se va bien o se va mal en la conducción del país, la racionalidad es sustituida por la confianza depositada en un solo hombre. La verdad no es un tema que decida el comportamiento de los seres humanos. Lo que importa es la realidad percibida que tiene el poder de moldear la conducta humana. En el caso de la información que proporcionan los medios, hay lo que se denomina un sesgo confirmatorio; es decir, las personas van a consultar y tomar en cuenta sólo aquellos comentarios y datos que se ajustan a sus percepciones, con razón o sin ella, para ir alimentando su propia realidad percibida. Es por esta razón que hay una discriminación en los mensajes que internalizan las personas y aquellos que simplemente esquivan.

Lo anterior, además de la peculiar caracterología del mexicano que ha sido debidamente estudiada por Paz, Ramos, Usigli, entre otros, donde la resignación y la fe son parte de la estructura mental del ser humano. No en balde, México aparece en los estudios internacionales en los primeros sitios de felicidad, entendida como estar a gusto consigo mismo. En México alguien es feliz, me refiero a los grandes grupos de población, con tener los mínimos necesarios para subsistir en su entorno. No es el caso de Japón, por ejemplo, donde la felicidad se alcanza siendo una persona exitosa, no basta con tener lo básico, sino que hay una sociedad exigente, que en México no existe por razones culturales, académicas y sociales. De esta suerte, es previsible que, en los hechos, con la realidad concreta en contra, la 4T pueda ganar una porción significativa de los cargos de elección popular que estarán en juego el año próximo, sobre todo aquellos considerados como estratégicos, la mayoría –y si se puede absoluta– en la Cámara de Diputados y buena parte de los congresos locales y gubernaturas. Otra cosa sería si no existiera el voto universal y sólo se restringiera a un sector formado e informado bajo distintos criterios. Ello para bien de la 4T y para desgracia de sus detractores no existe en México.

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